· Guía Espiritual · Libro I · Capítulo VIII ·


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                                              · Capítulo VIII ·

Prosigue lo mismo

"47. Con nuevo esfuerzo te ejercitarás, pero de otro modo que hasta aquí, dando tu consentimiento para recibir las secretas y divinas operaciones y para dejarte labrar y purificar de este divino Señor, que es el único medio para que quedes limpia y purgada de tus ignorancias y disoluciones. Pero sabe que has de ser sumergida en un amargo mar de dolores y penas interiores y externas, cuyo tormento te penetrará lo más íntimo del alma y del cuerpo.
48. Experimentarás el desamparo de las criaturas, y aun de aquellas de quienes más fiabas te habían de favorecer y compadecer en tus angustias. Se secarán los cauces de tus potencias sin poder hacer discurso alguno, ni aun tener un buen pensamiento de Dios. El cielo te parecerá de bronce, sin recibir de él ninguna luz. Ni te consolará el pensamiento de haber llovido en tu alma en el tiempo pasado tanta luz y devoto consuelo.
49. Te perseguirán los enemigos invisibles con escrúpulos, con sugestiones libidinosas y pensamientos inmundos, con incentivos de impaciencia, soberbia, rabia, maldición y blasfemias del nombre de Dios, de sus sacramentos y santos misterios. Sentirás una gran tibieza, tedio y fastidio para las cosas de Dios; una oscuridad y tiniebla en el entendimiento; una pusilanimidad, confusión y apretura de corazón; una frialdad y flaqueza en la voluntad para resistir, que una pajita te parecerá una viga. Será tu desamparo tan grande que te parecerá que para ti ya no hay Dios y que estás imposibilitada de tener un buen deseo; con que quedarás como entre dos paredes encerrada en continuo afán y apretura, sin tener esperanza de salir de tan tremenda opresión.
50. Pero no temas, que todo esto es necesario para purgar tu alma y darla a conocer su miseria, tocando con las manos la aniquilación de todas las pasiones y desordenados apetitos con que ella se alegraba. Finalmente, hasta que el Señor te labre y purifique a su modo con estos interiores tormentos no arrojarás al Jonás del sentido en el mar, por más que lo procures con tus exteriores ejercicios y mortificaciones, ni tendrás luz verdadera ni darás un paso en la perfección, con que te quedarás a los principios y tu alma no llegará a la amorosa quietud y suprema paz interior."


                                                                                          Guía Espiritual de Miguel de Molinos, Libro I, Capítulo VIII